Elige un valor.
No toda tu filosofía. Solo una palabra por la que de verdad quieras vivir (por ejemplo: honestidad, paciencia, valentía, generosidad, aprendizaje).
Luego escribe un ejemplo:
- Un momento de la semana pasada en el que lo viviste.
- O una acción específica que podrías hacer esta semana que lo expresaría.
Manténlo “uno a uno”: un valor → un ejemplo.
Si ayuda, haz que el ejemplo sea medible en lenguaje sencillo:
- “Honestidad: le dije a mi colega que no podía cumplir con la fecha límite en lugar de fingir que sí.”
- “Generosidad: envié $10 a la recaudación de fondos de un amigo y no lo mencioné.”
- “Aprendizaje: leí 3 páginas de un artículo difícil y anoté una pregunta.”
No estás intentando demostrar que eres una buena persona.
Solo estás haciendo el valor concreto—porque los “valores” son fáciles de decir, pero los ejemplos son más fáciles de entender.